No sè si èl me permita que entre, viva y comparta su mundo, es mi
fantasìa.
No obstante imaginarè que me -
acepta, y ademàs disfrutaremos
aunque sea por un instante fugaz
de una realidad diferente,
en donde nuestros sentimientos
afloran como las rosas de prima-
vera, y que es tan real y diàfana
como lo que sentimos el uno por
el otro.
